15 de diciembre de 2011

Sin intensión de meterse en problemas, los atrae como un imán a su paso. No hay forma de sentirse 'estable' en un espacio sin que al tiempo, algo aparezca para arruinarlo todo. Intimida cada reloj con sólo una mirada, esperando el momento para ponerse de pie y huir como hace de costumbre. Muestra un telón de sonrisas improvisadas para demostrar discreción, cruza la puerta disparando ideales de venganza para el fulano que la acompañó y se despide con un alevoso 'hasta luego' obviando que el sabio receptor fue capaz de recibir su ironía.

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