13 de noviembre de 2011

Le laten las heridas, aún frías y descubiertas. Después de un largo rato de merodear por su habitación, localiza su cama en busca de una almohada para humedecer de lágrimas y desconsuelo. Es el momento en el que se arrima un individuo portando un pañuelo, dispuesto a brindar su atención, simplemente para escuchar el relato de su verdadera aflicción a causa del mal amor.  "Las princesas triunfan por ser indiferentes frente a la pena y enemigas de la sensibilidad. Las princesas no lloran por dolor".

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